Para ser espirita debemos eliminar el odio, el rencor, el racismo, el sexismo y todas esas lacras que convierten nuestra vida en un infierno, sabemos por las comunicaciones de los espíritus como son los castigos más allá de la tumba, uno de ellos nos explica con diáfana claridad:

¿Alguna vez tuviste celos? Pues bien, es algo horrendo, imagina tener celos una hora, unas horas, un día, unos días, una semana unas semanas, unos meses unos años y por ultimo unos siglos, ese es el castigo de los espíritus, ellos mismos provocan el castigo, EL CIELO Y EL INFIERNO, tener ese tipo de emociones solo daña el delicado equilibrio del alma, el planeta tierra es de castigo y regeneración para todos nosotros, en otros planetas no fuimos capaces de amar y ahora caímos en esta cárcel donde no habrá paz, es una cárcel pero depende de nosotros hacer de la cárcel un camino de paz, aceptando las diferencias, saber que en esta cárcel hay distintos pabellones, los de locos, los de maniacos, los de asesinos, los pabellones de enfermos, los pabellones de ancianos abandonados, los de niños maltratados, en fin pabellones para todos, y cada uno va al pabellón que le corresponde por el peso de sus propias obras, pero le corresponde cambiar de pabellón a otro mejor por el peso de sus actos que serian el reflejo de su cambio intimo de la reforma de su conducta a la medida de Cristo para nosotros los occidentales, el cambio de pabellón no nos aleja del sufrimiento, solo nos lleva al pabellón de reos menos peligrosos y cada día a nuevos pabellones, hasta que un día salimos de la cárcel para no regresar si cumplimos nuestra condena y aprendimos a amar, tolerar, aceptar las diferencias entre otras bondades, o a retornar para aprender si somos reos contumaces.
En esta cárcel terráquea solo están los espíritus rebeldes al amor, a la bondad a las más nobles aspiraciones espirituales, no están los brutos o faltos de inteligencia, solo los faltos de moral, por eso los niños desde que llegan son genios y superan a sus padres en 15 puntos o más, cada espíritu que llega es inteligente aun cuando tenga fallas mentales, pero todos tenemos la falla del alma, la falla de la moral, la falla del corazón, el odio a los católicos, a los evangélicos, a las demás y los demás, sin poder ver el beneficio que dejaron y además fueron usados como instrumentos de castigo para otras almas más deterioradas que ellos, si continuas odiando, ese es tu castigo y pierdes tiempo en odiar cuando podrías amar y ser feliz y hacer de tu pabellón de detenidos y prontuariados reos, un mejor lugar para vivir, por lo menos cambiar el colchón donde vives o duermes de uno de paja a uno florido para que tu estancia en la cárcel sea un fructífera, si crees que es fructífera asesinando a los de los otros pabellones, formando bandas para asaltar a los más débiles de la cárcel, o violar a los que son diferentes y están en otro pabellón, está bien, eres el castigo para esos que atacas, pero eso te hará aumentar la condena, porque es pobre el beneficio, la verdad es que luego de entrar al pabellón de los reos más simples y masacrarlos mas débiles en su pabellón y regresar al tuyo con el trofeo de guerra, las manos llenas de sangre de los demás, no sé si te sentirás bien, creo que si algunas veces por orgullo, pero cuando vayas creciendo en paz, dirás, COMO PUDE MASACRAR A NIÑOS, A PERSONAS QUE NO SABÍAN MUCHO, A PERSONAS QUE AMABAN Y SE DEFENDÍAN CON PALOS DE ESCOBA O TAPAS DE OLLAS DE MI, MIENTRAS QUE YO ENTRABA Y ME REÍA DE ELLOS, LOS PISOTEABA, LOS DESTROZABA, LOS MALTRATABA, Y SOLO ERAN NIÑOS, ABUSE DE MI FUERZA, ABUSE DE MIS TALENTOS, ABUSE DE LOS DEMÁS, y sabes, un día abusaran de ti y de tus seres queridos porque no hay deuda que no se pague, al menos yo la sigo pagando y por eso hablo.
Recuerda al principito y la rosa, la rosa tenía una pequeña espina y creía que podía contra todos, el principito la amaba y se ríe de amor del pensamiento de su rosa, así debes ser, reírte de amor de las espinas de los demás que solo son pequeñas frente a la inmensidad de paz que puedes beber en el torrente de Dios.
Que el señor te guie y te enriquezca tremendamente.
Pedro.